La decisión

Estaba acostumbrado vivir situaciones límites, de hecho, esta era otra, pero no otra más, esta era, solo suya y de nadie más y estaba a punto de afrontarla.

Aquella tarde de verano me lo encontré paseando como de costumbre por la sombra de los álamos de la ribera del  río, no tenia buen aspecto, aunque los ademanes al andar eran  tan joviales como siempre, sus ojos transmitían tristeza y yo diría que habían llorado poco antes de cruzarse conmigo. Me miró, y antes de iniciar ese saludo campechano habitual, negaba con la cabeza en un gesto de desanimo.